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Beto Aranda: Gildo eterno

Matias Gonazalez | 31 mayo, 2021

El 16 de junio de 2019 el gobernador formoseño Gildo Insfrán ha sido electo para continuar en el cargo por 4 años más a partir del 10 de diciembre del mismo año, que una vez cumplidos totalizará 28 años, que sumados a los 8 de vicegobernador totalizará 36 años en el Poder ejecutivo provincial. Tal vez el único caso en la historia política institucional argentina, pero lo cierto es que nada hace presumir quien estas condiciones, este séptimo mandato, será el último, pues, en definitiva ello dependerá de su propia voluntad, pudiendo continuar hasta que su salud y la vida se lo permita.

Nada es casualidad en Formosa donde el justicialismo a partir de acceder al poder en 1983 ha ideado y llevado a cabo un proyecto de 30 años en el poder que lo lleva cumplido sobradamente, siendo su principal herramienta la ley de lemas que rige desde 1987, reformada, retocada y adaptada sucesivamente según las circunstancias en cada año electoral en exclusivo beneficio del gobierno. Como complemento de la misma establecieron el instituto de la reelección indefinida mediante la reforma constitucional y cerrando el círculo la creación de la Junta Electoral Permanente con jueces dependientes y de conocida militancia política del gobierno.

Si a eso le agregamos el férreo manejo de los 37 municipios a través de intendentes vitalicios totalitarios junto a su núcleo de familiares y amigos cubriendo los consejos deliberantes y los teóricos instrumentos de controles republicanos.

A partir de allí, se podría sostener que la suerte ya estaba echada de antemano donde cada acto electoral pasaba a ser un mero trámite donde la oposición ha ido perdiendo fuerza hasta perder las 16 comunas obtenidas en 1983 y los 14 diputados provinciales, habiendo obtenido solo 4 de los 15 en juego el año 2019. Dicho año 2016 de 64 concejales en juego solo ha logrado 3 contra 59 del oficialismo.

En los ámbitos académicos del derecho político constitucional ya nadie discute la inconveniencia de las reelecciones indefinidas en los cargos públicos cuyas razones sobran. Sin embargo en Formosa goza de muy buena salud con todos los males que ello implica para nuestra sociedad, pues acá se vive en forma directa y cruel todos lo que magistralmente los teóricos dicen en sus libros, que a mayor tiempo de permanencia en el cargo experimentan un crecimiento exponencial y se consolidan hasta a punto tal de tornarse normales y de uso corriente en una sociedad cada vez más empobrecida, sometida y sumisa.

¿Cómo se sale de esto? Creo que uno de los caminos debería ser la unión del arco opositor y abstención de participar en las futuras elecciones mientras rija la ley de lemas, la reelección indefinida en todos los cargos públicos y la junta electoral permanente compuesta por jueces militantes del oficialismo gobernante, de manera tal de no convalidar ningún resultado electoral en una provincia con democracia ficticia.

Sabido es que ante la omnipotencia del oficialismo a través de todos los medios y estructuras del estado a su disposición, resulta prácticamente imposible a la oposición presentar batalla en igualdad de condiciones en un acto electoral, como ya ha quedado demostrado en las sucesivas elecciones en nuestra provincia, motivo por el cual, casi siempre la oposición de antemano se ve envuelta en agresivas internas por la disputa de dos o tres escaños legislativos y nada más, pero lo suficiente para convalidar las tramposas elecciones y un resultado que nada tiene que ver con la voluntad popular. Y así todo sigue igual con un poder político total y absoluto en manos del vitalicio gobernador Gildo Insfrán.

Este año en plena pandemia, con una oposición débil y dividida, nos encuentra nuevamente a los formoseños marchando a un acto eleccionario de revalidación de títulos del gobernador con la legitimación de los partidos políticos de oposición, donde además se pone en juego la política sanitaria implementada durante la pandemia.

El discurso ya está en marcha: “el tanto por ciento de los Formoseños aprobaron todo lo actuado, ante una pequeña minoría de militantes de la muerte y blablabla…

Y digo esto porque sin posibilidad de una correcta fiscalización por parte de la oposición, con autoridades de mesa militantes del oficialismo, con un Tribunal Electoral con jueces militantes oficialistas y con todos los medios del estado a su disposición, ¿¿¿Alguien podría aventurar una derrota del oficialismo??? ¿¿¿Alguien podría pensar que los resultados serán ajustados a la realidad???

En virtud de todo ello, considero que la única estrategia política contundente y efectiva debe ser la abstención de la oposición en las próximas elecciones.

Benito Roberto “Beto Aranda” para 1879 Lapidario

Abogado.

Ex presidente de la UCR Formosa, dos veces diputado provincial y dos veces convencional constituyente.

Actualmente investigador, escritor, recitador criollo, poeta, autor y compositor de música folclórica argentina, aprobado por SADAIC.

Autor de 5 libros del rubro.

Written by Matias Gonazalez

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