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“EL GRAN ENCIERRO EN LA ÉPOCA ACTUAL” un estudio psico-social sobre Formosa

Matias Gonazalez | 24 junio, 2021

“EL GRAN ENCIERRO EN LA ÉPOCA ACTUAL”

LA PROVINCIA COMO UNA CARCEL Y UN MANICOMIO

A  un año y casi cuatro meses del inicio de las medidas implementadas en el territorio Argentino y en la provincia de Formosa debido a la pandemia del covid- 19 ante ello, vale la pena hacer una mirada desde el punto de vista de la salud mental de la sociedad formoseña, hacer un análisis como si fuese una población de muestra en un estudio psico-social. Desde esta mirada, se analizaran algunos aspectos generales y particulares que ayuden a promover una mirada de análisis crítica, fundamentado desde la óptica del psicoanálisis como así también de la psicología social,  disciplina que tiene como objeto de estudio el conflicto entre el individuo y la sociedad.

La provincia de Formosa lleva al día de la fecha, el confinamiento más extenso del país y del mundo, por lo tanto, es muy difícil que desde otras provincias puedan contemplar lo que se vive día a día en la ciudad, donde la gente convive con la sensación de estar presa, de estar cautiva, restringida, impedida de llevar una vida sin esa opresión innecesaria ejercida por las instituciones. Es así que hay una sensación de parte de la comunidad de vivir el presente en la ciudad como en un estado de esclavitud, en un estado miedo, de intimidación, de sometimiento, de abuso de poder y persecución.

De este modo se podría afirmar en primer lugar que para la mayoría de los sectores sociales la pandemia en sí misma es vivida, como un trauma en tiempo real, es una herida latente y constante, es un estado de duelo y melancolía, donde en donde la salud mental se ve afectada tanto en aquellas personas que transitan la enfermedad, como también para aquellos que no, pero en igual medida temen contagiarse, también; para aquellas personas que han perdido familiares o seres queridos en estas circunstancias, además de aquellas que presentan distintas secuelas o alteraciones después de recuperarse.

Dicho grupo son las víctimas directas de la situación epidemiológica actual, en donde no hay culpables sino que hay consecuencias de un problema que afecta al individuo a nivel global.  Por otro lado, nos encontramos con un segundo grupo y no por ello menos importante, las víctimas indirectas de las medidas y restricciones, de la pérdida de empleo, de la pérdida de una vida educativa, cultural, religiosa, etc., es así que vemos afectadas las actividades particulares de la vida social de una ciudad, de una comunidad.

De todas formas, las consecuencias en la salud mental y física se observan de relieve ya que las mismas afectan a la comunidad en general por factores biológicos, sociales, culturales, económicos o psicológicos. Es así que, si analizamos éstas variables que pueden intervenir en los problemas de la vida cotidiana de las personas, las cuales se encuentran condicionadas actualmente por las distintas restricciones excesivas que el Estado ha ido implementando en los últimos tiempos, sin contemplar que con ello se afectaría las condiciones de vida de la sociedad llevando muchas veces a tener que  padecer necesidades generando sufrimiento, malestar en los grupos sociales más vulnerables y carenciados.

Cierto aislamiento y medidas restrictivas son esperables y son necesarias para prevenir los contagios, o recuperarse de los síntomas o afecciones propias del virus y la enfermedad, pero también esto no supone la nulidad de ciertas prácticas y actividades propias de la vida económica y cultura  local. Dicho esto, al mismo tiempo, las autoridades estatales deberían contemplar también que no se puede restringir el hambre, no se puede restringir la angustia, las afecciones los padecimientos, las enfermedades de base, las cuales requieren de acompañamiento y seguimiento correspondiente, como así también, las necesidades básicas de una sociedad donde la carencia de la posibilidad de trabajar, de educarse, de recrearse, de socializar, de expresarse y de vivir, genera patologías similares a las que padecen aquellas personas que están viviendo una situación traumática, con tendencia a generar crisis, en donde hay severas secuelas emocionales y síntomas a partir de la carencia de aquellas actividades que tienen que ver con el bienestar general de todo ser humano.

Hablamos de un trauma en tiempo real, se debe a que al estar viviendo todavía la situación de aislamiento, de restricciones,  hablamos de una herida, un golpe, un suceso que afecta la vida cotidiana de las personas, que tiende a desorganizarla alterando el orden preexistente, manifestando sufrimiento, angustia, estados melancólicos, depresión, ansiedad, síndrome confusional, miedo, fobias, desencadenamiento de enfermedades que se encontraban compensadas, problemas en la memoria, enfermedades psicosomáticas, ideación y tendencia suicida son los más frecuentes de escuchar en la clínica actual, ya que independientemente de la estructura de personalidad un sujeto la angustia y el sufrimiento es algo común en todas las estructuras.

   Siempre la salud mental tiene que ver con la libertad, con los vínculos sociales, con las actividades laborales, culturales, educativas, religiosas que hacen a la esencia misma de la condición humana. Dicha salud debe ser sostenida desde la comunidad, desde la familia, los afectos, los grupos sociales, para fomentar la autonomía del sujeto, la posibilidad de realizar sus deseos y proyecciones, como individuo respetando siempre por sobre todo los protocolos y cuidados preventivos establecidos para evitar los contagios.

El sujeto que se aísla, que se encierra, tiende a enfermar. Tomen a una persona cualquiera, quítenle su actividad laboral, sus vínculos sociales, restrinjan su libertad, y es esperable que estas acciones genere consecuencias en su salud física y mental. Es por ello que, desde hace años hay un cambio en el paradigma de lo que tiene que ver con el tratamiento de la salud mental, donde se dejo de lado el modelo asilar, donde se encerraba a los enfermos con padecimientos mentales, para pasar en la actualidad a un modelo de un enfoque de que la salud mental debe ser abordada desde una perspectiva bio-psico-social-culturaldonde se afirma que la misma socialización  es un factor protector de la salud en general, trabajando desde un enfoque fundamentado en la no-alineación de las personas con padecimiento mental, reconociéndolos como sujetos de derecho.

La Ley de Salud Mental N°26.657– sancionada en el año 2010, propone velar y trabajar en protección la ley, del los Derechos Humanos, desde una perspectiva donde su premisa es la desmanicomialización, de evitar las situaciones de encierro, hacinamiento, esclavitud, sometimiento de las personas, ya que ello conlleva a la posibilidad a experimentar hasta en personas sanas algún tipo de patología o enfermedad, también el desmejoramiento de aquellas enfermedades que se encontraban en tratamiento, o enfermedades de base, o aquellas que requieren de un seguimiento y tratamiento psicoterapéutico ambulatorio en la modalidad que menos afecte y restrinja sus libertades.

El coronavirus afecta el cuerpo y la psique de un ser humano pero también, afecta y deteriora el tejido social, condicionando las relaciones entre los individuos de una sociedad y el modo de vinculación e intercambio con las Instituciones que en ella anidan. Dichas Instituciones, tienden a presentar crisis si es que no hay una justa regulación y equilibrio de las decisiones para buscar consensos, otorgando al ciudadano el lugar de sujeto de derecho. El escenario ideal y esperable en una sociedad no autoritaria sería el del las medidas sanitarias preventivas y derechos humanos, no confundir la cuestión dando lugar a una sin la otra, entonces, sería vital llamar a la reflexión a las autoridades de salud  de contemplar el equilibrio entre ambas, a modo de evitar mayor sufrimiento y malestar social.

Desde que comenzó el confinamiento y la situación epidemiológica se ha convertido en algo para lo cual la sociedad toda ha tenido que acostumbrarse a vivir con un riesgo cotidiano, en donde el factor del impacto en la subjetividad de las personas y en la salud mental es un elemento a destacar. Es así que, la salud mental es lo más vulnerado, teniendo en cuenta que para muchas personas la misma restricción ha llevado a enfermar de otras patologías distintas, contemplando en que ha afectado algunas de las variables que intervienen en la salud de la psique. Ya sea por la alteración de algunas de las variables anteriormente mencionadas, es entendida la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, sociales, económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación implica una dinámica de construcción social. Dicho esto, la misma fase uno y las propias restricciones autoritarias que impone el Estado altera todos y cada uno de estos componentes necesarios para la salud mental.

 No se puede presionar tanto a una sociedad sin esperar en algún momento un síntoma a partir del malestar social, y al igual que en un tratamiento psicoterapéutico individual, uno tiene que analizar el síntoma, de la misma manera se analiza un síntoma a nivel colectivo observando que ha llevado a la crisis a sectores más vulnerables, con ello a las manifestaciones de este malestar, el cual ayuda a liberar al que sufre, al que tiene un padecimiento, darle expresión y darle voz a la demanda, de reconocimiento de un sufrimiento que está allí y que al no ser reconocido por el Otro, (llámese estado, u autoridad) lo único que se fomenta al des oír el síntoma social es la exacerbación con mayor intensidad del mismo, aumentando las manifestaciones sintomáticas o desplazándose a nuevas formas comprometiendo cada vez más al sujeto que sufre.

Una alternativa posible ante esta realidad es la búsqueda de reconocimiento para el acompañamiento y escucha ante un malestar determinado, ya sea a nivel individual, como a nivel colectivo pero primero hay que poner en palabras, manifestar la queja y con ello permitir liberar al sujeto de las cadenas de su relato, de su inhibición, pero si en lugar de ello lo que sucede es desconocer y no dar lugar a este sufrimiento, las autoridades al buscar reprimir ese síntoma lo único que hacen es agudizar más aún el malestar colectivo. Quizás al tomar conciencia de ello se ve alguna estrategia eficaz para lograr un dialogo y contemplar la verdad que en el síntoma aguarda.

   Las restricciones que el Estado impulsa generan a tan largo plazo el agotamiento y el desgaste de la sociedad ante la incertidumbre del mañana y las necesidades del día a día afectando la salud mental colectiva.

Es así que la Ciudad y los pueblos del interior de la provincia se han convertido en los últimos tiempos como en un gran manicomio, en una gran cárcel donde el poder político obliga a la población, a los ciudadanos, a través de un severo control policíaco generando un estado de vigilancia de persecución por medio del poder institucional, están enfermando a una sociedad. El Estado, ejerciendo y buscando el control social a través del autoritarismo, tratando muchas veces a las personas como objetos, despojándolos de sus derechos, desconociendo sus deseos y necesidades, al igual que el sujeto que está institucionalizado con un modelo asilar domiciliario, donde existe en un estado de alienación, de sufrimiento, sin capacidad para decidir, buscan controlar a la gente, por medio de la intimidación como una estrategia de control, no hay reclamo más genuino y digno que el de un pueblo que pide libertad, educacion y trabajo.

Por una Formosa Psicosocial, el título de la reflexión tiene que ver con una reminiscencia a un libro del filósofo francés Michel Foucault (1961) “La historia de la locura en la época Clásica”- El Gran Encierro. En este libro comenta y analiza el trato que se le daba a la las personas con padecimientos mentales y a los criminales en el siglo XIX, en donde se implementaba el encierro de las personas deseando con ello hacer un tratamiento para mejorar salud, hecho que terminaba siendo la escusa para que el Estado pudiera torturar, someter y perseguir a quienes ellos consideraban insanos. Es así que se concluye que no se puede naturalizar el encierro, el hacinamiento prolongado y perpetuo de una persona ya que, en la actualidad hay certeras evidencias de que ello compromete la salud mental individual y colectiva.

 

 

 Por Juan Sebastián Roa

Licenciado en Psicología

M.P. 307

Written by Matias Gonazalez

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