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“Monitor Público de Vacunación”: más dudas que certezas

Matias Gonazalez | 12 julio, 2021

El sitio web surgió en febrero, tras el escándalo del Vacunatorio VIP y la salida de Ginés González García. El objetivo era transparentar la gestión. Cinco meses después, los datos que allí se publican generan más dudas que certezas.

El nacimiento del Monitor Público de Vacunación fue -como mucho de lo que sucede en Argentina-, una reacción ante la emergencia. En este caso se trataba de reducir el daño desatado por el Vacunatorio VIP, que presuntamente habría funcionado en el Hospital Posadas y, “sólo un día” -dice el Gobierno-, en el Ministerio de Salud.

La salida forzada de Ginés González García, en febrero, se saldó con el ascenso de Carla Vizzotti, que hasta entonces figuraba segunda en la línea de mando. Desde el primer día como ministra, Vizzotti verbalizó su total desconocimiento sobre cualquier hecho irregular que hubiese ocurrido durante aquellos días aciagos.

Enterada entonces de que la realidad era peor de lo que creía, la funcionaria decidió poner en marcha el Monitor Público de Vacunación, para brindar a la población información sobre las dosis distribuidas y aplicadas, el detalle por provincia y la cantidad de gente inmunizada por grupo de riesgo.La iniciativa era el estribo oportuno para calibrar un punto de fuga de la crisis, al tiempo que atisbo explícito por demarcar un antes y un después: el pasado carente de transparencia, con su corolario en el Vacunatorio VIP, y el futuro que se abría en la nueva etapa, con augurios de un horizonte cristalino.

“Un registro on line para que cualquier ciudadano pueda acceder en tiempo real a toda la información del operativo de vacunación contra el Covid 19”, decía el video institucional lanzado el 24 de febrero para presentar el Monitor. “Información pública” y “garantizar transparencia” eran algunos de los conceptos incluidos en ese material, que hablaba de “llevar adelante la campaña de vacunación más importante de la historia de forma segura y confiable”.

Pues bien, pasados cinco meses desde la creación de la herramienta, los datos allí vertidos provocan un desconcierto creciente. Se suponía que, como se había anunciado, a través del sitio se iba a poder determinar quiénes recibían las dosis y cuántas. Pero el espíritu germinal del Monitor ingresó pronto en el umbral de la obsolescencia.

Resulta difícil entender, por ejemplo, por qué bajo la categoría “Personal de salud” se contabilizan ya 3.622.180 vacunas. La cuenta ha quedado demasiado lejos del cálculo inicial del Gobierno, que preveía inmunizar a unos 800 mil médicos y enfermeros.

Parte de esa diferencia se explica por la cantidad de vacunados que no son personal de salud pero, dada la característica del servicio que prestan, quedaron bajo el mismo paraguas porque colaboran in situ con hospitales y clínicas donde circula el virus. La incógnita es cómo se ha fijado ese límite sinuoso, garante de la siempre turbia discrecionalidad.

Clarín conoció, por ejemplo, casos de profesionales que fueron vacunados al comienzo de la campaña como “Personal de salud” y su función se limitaba a administrar sistemas de medicina en forma remota. Es decir, se desempeñaban en otro lugar físico y no tenían contacto directo con el ámbito sanitario; mucho menos, con pacientes de Covid.

A esto se sumaron vacunados cuyas actividades no tenían vínculo alguno con el universo de la medicina o sus “satélites”. Y sin embargo fueron registrados como personal de salud. Una lista que llegó a recopilar la Justicia -al menos provisoria- fue desechada por un fallo que concluyó que esa conducta reprochable no podía enmarcarse en un delito.

Otra categoría problemática del Monitor es la denominada “Otros”, que ya acumula 67.527 dosis aplicadas no se sabe a quién. Nunca se terminó de dilucidar por qué, si los grupos prioritarios estaban identificados desde el comienzo, tantos casos supuestamente no contemplados en el orden original no han parado de engrosar esa carga paralela y difusa.

En tercer lugar, la falta de claridad se replica en la categoría “Personal estratégico”: en una misma bolsa aparecen policías, militares, docentes, no docentes, responsables del funcionamiento del Estado y personal del Servicio Penitenciario. Hasta la fecha han recibido 3.100.148 dosis. Pero es imposible determinar cuántas corresponden a cada subgrupo.

Un cuarto punto que sería importante develar -y la forma en que se muestran los datos lo impide- es cuántas personas han recibido una sola dosis o dos dentro de cada categoría. Sólo se publica el acumulado de vacunas aplicadas, volumen que elude detalles sobre si el suministro de esquemas completos guarda relación con la necesidad epidemiológica en vísperas del desembarco comunitario de la variante Delta.

Por último, el precepto de la actualización de datos “en tiempo real” también tiene sus bemoles: en rigor, esa actualización ocurre dos veces al día -6 y 18 hs.-. Además, algunos distritos se excusan en que la tecnología con la que cuentan no les permite una adecuada sincronización del dato real con la información en línea.

El argumento del delay en las cifras difundidas fue utilizado en ocasiones por esas provincias para justificar el elevado stock de vacunas sin utilizar. Eso y considerar que los números que publica Nación son poco confiables por extemporáneos es más o menos lo mismo.

Todo lo cual consagra un paradigma del malentendido y la mezquindad: la pretensión de que el país cuenta con un Monitor de Vacunación, aunque en los hechos el mecanismo manifieste excesivas opacidades como para llevar ese nombre. Dudas más que certezas y la devaluación de la criatura de Vizzotti como potencial recurso bisagra han diluido el anhelo de transparencia post Vacunatorio VIP en la espesura de un amague.

Written by Matias Gonazalez

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